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11/01/10

Noche de nieve


Ella no hablaba español ni francés y yo no hablaba inglés. Pero se enredaron nuestros hilos en silencio, en el crepúsculo de nieve, y, aquella noche, tras una escaramuza violenta en la soledad de la acojinada estancia con fuego, una sombra blanca se deslizó suave por las paredes floreadas de mi alcoba. Alcé la ropa de la cama y ella se abrazó conmigo. Y pasamos aquella noche de nieve, en un lenguaje de caricias, como dos animales.

05/06/09

síndrome pseudobulbar


El síndrome pseudobulbar se ha identificado en uno de los personajes de una obra clásica de la literatura española, Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. En este poema en prosa, se puede apreciar que Darbón, el "médico" de Platero, padece los síntomas de un síndrome pseudobulbar típico; disartria -Cuando habla, le faltan notas, cual a los pianos viejos; otras veces, en lugar de palabra, le sale un escape de aire…-; disfagia y dificultad para la masticación que parece exceder la propia de una boca edéntula -de quejumbres de garganta y salivas en el pañuelo…-, -Hace una bola y ¡a la boca roja! Allí la tiene, revolviéndola, una hora…-; e incontinencia emocional con llanto y risa patológicos -Y si ve una flor o un pajarillo, se ríe de pronto, abriendo toda su boca, con una gran risa sostenida, cuya velocidad y duración él no puede regular, y que acaba siempre en llanto…-. Quizá también se asocie cierto grado de deterioro cognoscitivo -Cuenta, según él, tres duros de edad…-, -de manotadas ponderativas, de vacilaciones chochas…
El retrato que el poeta hace de la decrepitud de un entrañable personaje, Darbón, el "médico" de Platero, bien pudiera formar parte, salvando las distancias estilísticas, de un texto de neurología.

Darbón, el médico de Platero


Cuando habla, le faltan notas, cual a los pianos viejos; otras veces, en lugar de palabra, le sale un escape de aire. Y estas pifias llevan un acompañamiento de inclinaciones de cabeza, de manotadas ponderativas, de vacilaciones chochas, de quejumbres de garganta y salivas en el pañuelo, que no hay más que pedir. Un amable concierto para antes de la cena.
No le queda muela ni diente y casi sólo come migajón de pan, que ablanda primero en la mano. Hace una bola y ¡a la boca roja! Allí la tiene, revolviéndola, una hora. Luego, otra bola, y otra. Masca con las encías, y la barba le llega, entonces, a la aguileña nariz.
Digo que es grande como el buey pío. En la puerta del banco, tapa la casa. Pero se enternece, igual que un niño, con Platero. Y si ve una flor o un pajarillo, se ríe de pronto, abriendo toda su boca, con una gran risa sostenida, cuya velocidad y duración él no puede regular, y que acaba siempre en llanto. Luego, ya sereno, mira largamente del lado del cementerio viejo:
- Mi niña, mi pobrecita niña…

21/03/09

Cristian Rodríguez López


PRIMAVERA
Abril, sin tu asistencia clara, fuera

invierno de caídos esplendores;

mas aunque abril no te abra a ti sus flores,

tú siempre exaltarás la primavera.
Eres la primavera verdadera:
rosa de los caminos interiores
brisa de los secretos corredores,
lumbre de la recóndita ladera.
¡Qué paz, cuando en la tarde misteriosa,
abrazados los dos, sea tu risa
el surtidor de nuestra sola fuente!
Mi corazón recogerá tu rosa,
sobre mis ojos se echará tu brisa
tu luz se dormirá sobre mi frente...
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