Amosando publicacións coa etiqueta Ted Hughes. Amosar todas as publicacións
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03/10/10

Sylvia & Ted

Nadie quería tu danza 
 nadie quería tu brillo extraño 
 ni los esfuerzos para salvarte 
 perdiendo pie, danzando en esa oscura confusión 
 buscando algo para dar

http://caballerosaula.blogspot.com/search/label/Ted%20Hughes
http://sarmientobiblioteca.blogspot.com/search?q=Ted
No puedo recordar 
 cómo llegué 
 enredado en ti 
 hasta el interior del hotel. Estábamos allí 
 eras delgada y ágil y suave como un pez 
 Eras un mundo nuevo. Mi mundo nuevo 
 Así que esto es América, me maravilló 
 ¡Qué hermosa, hermosa América.

18/05/10

Visto en el Blog de Antón Castro.



Por Elsa FERNÁNDEZ-SANTOS

Ted Hughes (Yorkshire, 1930-Devon, 1998) poseía una cualidad animal, una intensidad callada que atraía las miradas. Era un poeta y un hombre de una ferocidad misteriosa y primitiva, que entroncaba con su obsesión por la naturaleza. Todos querían estar cerca de él, pero casi todos se sintieron alguna vez abandonados por él. Un niño que se crió pegado a su hermano mayor, que le enseñó a cazar, pescar y vivir entre animales; un joven que memorizaba palabra por palabra a Shakespeare y un marido fatalmente marcado por la tragedia. Cuando su primera mujer, la poetisa estadounidense Sylvia Plath, se suicidó en 1963, Ted Hughes escribió a su suegra: "No quiero que se me perdone jamás. Si existe la eternidad, estoy condenado a ella". Siete años después, cuando su segunda mujer, Assia Wevill, también se quitó la vida junto a la hija de ambos, Shura, el poeta enmudeció. Años más tarde se sabría que comparó aquel dolor con enormes puertas de hierro que golpeaban sin tregua su pecho.
Siempre pensó que el suicidio de su primera mujer estaba escrito
La tragedia aplastó la figura pública de un poeta gigante y su obstinado silencio no contribuyó a mejorarla. Pero Hughes nunca dejó de hablar, lo hizo a través de lo único que de verdad entendía: la poesía y sus enigmas. Dos nuevos libros del poeta se publican ahora en España: El azor en el páramo, antología editada por Bartleby, y Gaudete, uno de sus textos más singulares que rescata Lumen (editorial que en 2004 publicó su obra póstuma Cartas de cumpleaños). En ambos asoma el genio de alguien que se consideraba un chamán en busca de un hombre y una naturaleza perdidos. "Escribir es igual que cazar", solía decir, "y el poema no deja de ser un animal, una forma de vida ajena".

http://antoncastro.blogia.com/

03/04/10

YOU HATED SPAIN



Seeing the grey-faced matador, at the barrier
Just below us, straightening his bent sword
And vomiting with fear. And the horn
That bid itself inside the blowfly belly
Of the toppled picador punctured
What was waiting for you. Spain
Was the land of your dreams: the dust-red cadaver
You dared not wake with, the puckering amputations
No literature course had glamorised.
The juju land behind your African lips.
Spain was what you tried to wake up from
And could not. I see you, in moonlight,
Walking the empty wharf at Alicante
Like a soul waiting for the ferry,
A new soul, still not understanding,
Thinking it is still your honeymoon
In the happy world, with your whole life waiting,
Happy, and all your poems still to be found.

Más

11/03/10

El Azor en el páramo


El azor en el páramo
(edición bilingüe español-inglés)
1ª Edición
Tirada: 2000 ejemplares
978-84-92799-23-7
PVP: 22 €
Año de publicación: 2010
424 páginas
Traducción, selección, introducción y notas de Xoán Abeleira
Ted Hughes es uno de los mejores poetas en lengua inglesa de todos los tiempos. Así lo consideraron sus lectores, que transformaron sus libros en insólitos fenómenos editoriales. También los críticos, que, favorables o contrarios a él, eran conscientes de que la poesía de Hughes estaba destinada a ocupar un lugar central en la historia de la lírica del siglo XX. E incluso el propio establishment de su país, cuando, en 1984 y contra todo pronóstico, decidió nombrarlo Poeta Laureado; o, en 1998, tan sólo unas semanas antes de su muerte, al concederle la reina Isabel II la Orden del Mérito británica. Poeta de “inusual dedicación” (Ann Skea), elaboró una poesía de “dureza insoportable” (Derek Walcott), “con una capacidad de evocación, una continuidad y un poder tales que hace que la mayoría de la poesía contemporánea, comparada con la suya, parezca pálida, exangüe” (Stuart Hirschberg).

Canción de amor

Él y ella se amaban
Los besos de él le succionaban todo su pasado y su futuro o eso intentaban al menos
Ella era lo único que a él le apetecía
Ela lo mordía lo roía lo chupaba
Quería tenerlo entero dentro de sí
Sano y salvo para siempre
Los pequeños gritos de ambos revoloteaban entre las cortinas

Ella lo escrutaba procurando que nada se le escapase
Clavándole con sus miradas las manos las muñecas los codos
Él la asía con fuerza para evitar que la vida
Pudiese arrastrarla desde aquel instante
Quería que el futuro cesase de golpe
Quería desmoronarse abrazado a ella
Precipitarse desde el borde de aquel instante en la nada
En la eternidad o en lo que hubiese
El abrazo de ella era una inmensa prensa
Con la que lo imprimía en sus huesos
Las sonrisas de él eran los desvanes de un palacio de fábula
Adonde el mundo real jamás llegaría
Las de ella eran picaduras de araña
Y él aguardaba inmóvil acostado a que ella tuviese hambre
Las palabras de él eran ejércitos de ocupación
Las risas de ella intentos de asesinato
Las miradas de él eran balas dagas vengativas
Las de ella fantasmas agazapados en la esquina con horribles secretos
Los murmullos de él eran látigos y botas de montar
Los besos de ella abogados escribiendo constantemente
Las caricias de él eran los últimos anzuelos de un náufrago
Las artimañas amorosas de ella el chirrido de unos cerrojos
Y los profundos gemidos de ambos se arrastraban por el suelo
Como un animal acarreando un enorme cepo

Las promesas de él eran un separador quirúrgico
Las de ella le quitaban la tapa de los sesos
Con la que anhelaba forjarse un broche
Él con sus votos le arrancó los tendones
Para enseñarle a hacer un nudo de amor
Ella con los suyos le arrancó los ojos para conservarlos en formol
En el fondo de su cajón secreto
Los chillidos de ambos se clavaron en la pared

Mientras dormían sus cabezas se quebraron como las dos mitades
De un melón partido, pero el amor es algo imposible de parar

En sus sueños entretejidos intercambiaron brazos y piernas
Sus cerebros se tomaron mutuamente como rehén

Al amanecer cada uno lucía el rostro del otro
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